No ni ná

domingo 21 de agosto de 2011

Get it?



¿Todo lo que nos preocupa es un problema? Recuerdo que, cierto día por la mañana, en cierta ciudad, un chico de unos, aproximadamente, 10 años camina por la calle con su madre. Al paso de una ambulancia en servicio de emergencia, realiza un gesto incómodo, frunce el ceño, arruga la cara y profiere lo siguiente:-Huy, este ruido se mete en el oído y molesta muchísimo. Seguro que ese crío no alcanzaba la madurez suficiente ir más allá de lo que sucedía allí dentro de esa amblancia pero, ¿y la madre? Callaba, caminaba y perdió una oportunidad de oro para aplicar una lección de una riqueza incalculable para toda su vida. No muy lejos de esta acción anda el comentario de cierta persona, en cierta cafetería, que se quejaba amargamente de haber llegado tarde a su trabajo por que varios extrabajadores, golpeados por un ERE, cortban una carretera:-No entiendo por qué permiten que corten la carretera y que los demás no podamos pasar- vomitó.

Quizás este vídeo, con algún que otro año de antigüedad, nos haga reflexionar. Aun creo que hasta que se coloca las gafas, lo muestra muy benévolo en su carácter, no profiere ningún insulto ni desliza gesto procaz.

Disfrútenlo, y aprendamos algo.

lunes 12 de julio de 2010

Artículo de opinión: LIMPIEZA Y EDUCACIÓN; sobre una barriada de Sevilla.

Haz en la calle lo que haces en casa. Díganme que este imperativo no supone un buen ejemplo para nuestros hijos y no tan hijos ya, es decir, padres. Las barriadas están sufriendo un deterioro preocupante en materia de limpieza e higiene.

Estamos inmersos en una sociedad donde es imparable el avance de la tecnología en pos de la mejora de las condiciones de los ciudadanos. En su día, vivimos (y sufrimos) las obras relativas a la recogida de basura neumática, con objeto de dejar de sufrir el olor provocado por ésta hasta que el camión de la basura llegara y, por otro lado, posibilitar el reciclaje. Pero, ¿nos hemos adaptado a esta sociedad que avanza? A tenor de lo visto, habiendo observado durante estos años dónde se depositan las bolsas, pues no. Ni por asomo. Perdón, retiro lo de asomarse, pues este verbo da pena conjugarlo si te asomas y ves el panorama: un vertedero en cada esquina.

¿Acaso no se os pasa por la cabeza qué pensará cualquiera que nos ve deslizar, con dudosa elegancia, su bolsa de basura? ¿Qué pensarán nuestros hijos si llegamos a los bombos de basura y la plantamos en el suelo? ¿Estamos dando ejemplo a nuestros hijos? Luego, nos llenamos la boca con comentarios de esta calaña: “¿Eso es lo que te enseñan en la escuela? Lo mismo en nuestras escuelas enseñamos lo que en casa destruimos.

Quizás, como ejemplo de limpieza no tengamos mucho futuro, pero como diseñadores de calle, con esa basura como elemento decorativo como protagonista estelar, sin duda.

domingo 21 de febrero de 2010

Juan Ramón Jiménez.

Yo no soy yo.

Soy este

Que va a mi lado sin yo verlo;

que, a veces, voy a ver,

y que, a veces, olvido.

El que calla, sereno, cuando hablo,

el que perdona, dulce, cuando odio,

el que pasea por donde no estoy,

el que quedará en pie cuando yo muera.

jueves 31 de diciembre de 2009

No sabía por qué lo hacía, pero...

la comprendía, la respetaba, la apoyaba y la necesitaba. Hasta que, un buen día, empecé a quererla. Y ahí sí sabía por qué lo hacía. Compañera de viaje:



Fue muy fácil decidirlo. Y espero estar siempre a la altura de lo que buscabas en un hombre, pronto seremos uno para solucionar inconvenientes e imprevistos.

Y, mira a tu mano izquierda,

que en tu dedo corazón

ahí estaré yo, como el brillo de unos ojos

mirados tan de cerca...tan de lejos...

Cuando no esté lo cerca

que quisieras que esté,

la fuerza y apoyo que buscas

desde ese lugar te la mandaré.



Nos vemos el 17 de julio.

El valor de una moneda...

Es un artículo de opinión escrito para El gallo blanco, revista de difusión gratuita de la que, por cierto, soy su director (¿Por qué no decirlo?). Una tirada de 700 ejemplares para un pueblo de 4.000 hbitantes, aproximadamente, no está mal. Remarco un detalle: tirada y difusión gratuita. Muy pocos objetivos están fuera del alcance de uno cuando se trabaja desde la confianza en un proyecto.Aquí os presento mi artículo:

EL VALOR DE UNA MONEDA.

Puede que no nos agachemos a por ella, puede que ni la esperemos en un cambio pero, hasta las de un céntimo, guardan valor. Y su valor no reside en una asignación económica, sino en el destino que deseemos darle. Os cuento una anécdota: Paseaba por la ciudad y decidí, de manera precipitada, comprar un euromillón. Me dirigí a la administración más cercana y…cerrada. Metí el dinero en el bolsillo, pero no duró mucho en él, pues a escasos metros, encontré a una persona con un cartón rotulado con la siguiente leyenda: algo para comer.

Decidí depositar aquellas monedas en una canastita, situada entre sus piernas, monedas destinadas a una quiniela, acción que hubiera conseguido tras una fría ejecución y un intercambio casi nulo de palabras y, si hubiera proferido algunas, mercantilistas. No me cabe duda.

Mientras yo dirigía mi mano hacia la canasta, aquel hombre fijaba su vista hacia mi cara, sin prestar la más mínima atención a lo que depositaba en su canastita; juntó las palmas de sus manos y exclamó: ¡Gracias!, ¡Gracias!, ¡Gracias!... Ahí residió el valor de mis monedas. Fue tal la sensación de aquella mirada y palabras que bendije la hora en que me encontré aquella administración cerrada.

Los hechos cotidianos hacen que restemos importancia a acciones cargadas de sensibilidad, sentimentalismo o bienestar personal, pues quedan todas ellas olvidadas, soslayadas o, incluso, no contempladas como existentes: ¿Habéis pensado alguna vez, por casualidad, que no todo el mundo puede disfrutar, ese mágico 6 de enero, de un regalo? Más aún, ¿comer un plato de comida (ya no digo un primer y un segundo plato) cada día? ¿Y tener ropa para cambiarse?

Acciones sociales no hay tantas como chalecos o pantalones: no asociemos el valor del dinero a una cantidad económica, sino al gesto que podáis extraer de él. Los secretos cobran importancia cuando tenemos alguien llamado amigo a quien contárselo; el cariño, cuando nos dejan mostrarlo.

¿Dinero? se va, viene, vuelve a irse…y sigue siendo el mismo: dinero. Con él se pueden adquirir muchas cosas. Casi todo. Pero nunca habrá suficiente para comprar un beso de una madre, un apretón de manos entre padre e hijo, la ropa planchada, esos centímetros de manta que de madrugada es subida hasta el cuello por alguien que entra en nuestra habitación para ver si dormimos bien, esa leche calentita, un trocito de bocadillo compartido por uno de nuestros mejores amigos, un termómetro puesto en la axila, esas horas delante de una olla para poder escuchar luego:-está buenísima-, una lágrima que cae ante una emoción fuerte… porque no hay dinero en el mundo que pueda comprar eso.

Imploro desde este artículo a que contribuyamos a una sociedad más solidaria y que hagamos, entre todos, un mundo menos injusto. Valoremos los detalles que creemos que pueden ser insignificantes por tenerlos a diario; Ayudemos a quienes creamos que lo necesiten sin esperar nada a cambio. El verdadero valor de la moneda es que no cuesta dinero ser buena persona. Intentémoslo, tenemos mucho que ganar, y poco que perder.

Rafael Rodríguez Olmo.


He de decir que no escribo para gustarle a nadie; sólo pretendo que me guste a mí. Si, además, mi manera de escribir (y/o pensar)coincide con quienes me leéis, mejor.

En breves horas escribiré una nueva entrada.

Un abrazo a todos.